Eliminar de mis amigos
Dana se encontraba sentada frente a su computadora sin saber
que hacer. Se sentía perdida y desolada.
¿Cómo se lo iba a decir? Hacía diez años que Fernanda era una
de sus mejores amigas. Y hoy Dana se había dado cuenta de la gran pérdida de
tiempo que significó esa amistad.
Todavía recordaba esa tarde en la que se habían conocido.
Primero, se conocieron mediante la computadora, porque ambas participaban
ávidamente de un foro en el que se hablaba de una sitcom muy famosa. Como vivían
en la misma ciudad, un día decidieron conocerse en persona y tomar un café. Así
nació una amistad que duraría diez años. Diez años llenos de cafés, cenas,
risas y llantos.
Hoy había notado que Fernanda nunca había dado nada a cambio. Y
que lo que daba, era porque Dana la había presionado para ello. Dana había
forzado una amistad que no interesaba realmente a la otra mujer. Pero¿ cómo se
lo iba a decir?
Hoy había reparado en que hacía casi un año que ellas dos no se
encontraban a charlar a solas, Celeste y
Dalia siempre las acompañaban. Y ellas
ni siquiera eran tan cercanas a Fernanda. Dalia ni le compraba regalos de
cumpleaños, ni siquiera recordaba cuando era el cumpleaños.
Hoy había notado, no por vez primera pero sí más que nunca, el
egoísmo y la frialdad de su amiga.
Hoy había visto, de repente, lo sola que estaba, incluso
contando con la supuesta amistad de Fernanda.
Hoy había descubierto con dolor que tener la amistad de
Fernanda no era muy distinto a no tenerla.
Hoy se dio cuenta de que nunca había sido alguien especial
para ella, que Fernanda sólo la había considerado una compañera de cafés,
cenas, risas y llantos, una conocida con quien pasar el rato.
Hoy había notado que ellas nunca habían compartido una amistad
autentica.
Porque una verdadera amistad implica más que cafés y cenas, al
menos para Dana. Implica incluso más que risas y lágrimas.
Porque una verdadera amiga asiste al funeral de tu padre,
aunque sea muy deprimente.
Porque una verdadera amiga nunca deja de traer regalos para el
día del amigo, navidad o tu cumpleaños.
Porque una verdadera amiga te llama por teléfono, jamás te dice que no la llames tanto porque le
molesta.
Porque una verdadera amiga quiere que la visites al hospital
cuando va a tener un bebé, y no te invita a conocer a la criatura recién cuando
el chico tiene cinco días de nacido. Y cuando por fin podés ir a verlo, una
verdadera amiga no te hace rogar antes de permitirte sostenerlo. Y una
verdadera amiga no te prohibiría volver visitar al bebé por un mes.
Porque una verdadera amiga te considera la tía se su hijo,
nunca te corregiría cuando te autodenominas la “Tía” de la criatura.
Y fue esa la gota que rebalsó el vaso de Dana, el que Fernanda
no le permitiera ser la tía postiza de su hijo recién nacido.
Podría parecer una tontería, de hecho a Fernanda así le
parecía, pero ser tía de ese pequeño significaba el mundo para Dana, hija única
que jamás tendría sobrinos de sangre. Dana era una chica muy solitaria,
emocional y depresiva. Y Fernanda lo sabía. Sabía que Dana estaba viviendo el
peor año de su vida. Ese pequeño era la única luz en medio de tanta oscuridad
porque le daba la ilusión de ser tía.
¿Cómo se lo iba a decir?
¿Cómo decirle que hoy había notado lo poquito que significaba
la amistad para Fernanda?
¿Cómo decirle que hoy
se había dado cuenta de que Fernanda simplemente no sabía lo que era una
amistad genuina?
No sabía como decírselo. Entonces Dana decidió no decirle nada
en absoluto.
Ella simplemente ingresó al Facebook, entró en la página de Fernanda Casas, posicionó
la flechita del mouse sobre el botón que dice “Amigos” y luego hizo click sobre las palabras “Eliminar de mis amigos”. Apareció el cartelito diciendo “Se ha quitado a Fernanda Casa de tus amigos”.
Hizo click en el botón “Aceptar” y la
página cambió a la versión accesible para el mundo entero. Luego, Dana hizo
click en la flecha del botón que dice “mensajes”
y, acto seguido, en las palabras “Reportar/bloquear
usuario”.
Y eso fue todo. Ese era el fin de una amistad que duró diez
años. Pero Dana no derramó ni una sola lágrima. Siempre recordaría a Fernanda.
Pero era momento de seguir adelante. Estaba cansada de aceptar solo unas
migajas de su amistad. Ella merecía más y, tal vez por primera vez en su vida,
lo sabía.
Ella no pudo evitar quedarse mirando el monitor con un gusto
amargo en la boca. Era el gusto amargo de saber a ciencia cierta que a Fernanda ni siquiera la
pondría un poquito triste perder la amistad ni haría intento alguno por
recuperarla.
En la vida se ganan amigos y se pierden amigos. Aquellos que
se pierden simplemente con un par de clicks nunca fueron amigos en un
principio.
Fin

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