Había una vez, en un reino muy lejano, ubicado al otro lado del inmenso océano, un joven príncipe heredero a quien le había llegado una edad apropiada para el matrimonio.
Un día este príncipe conoció a una bella doncella y se enamoró perdidamente de ella. Pero no era la clase de dama que los padres de él esperaban que convirtiera en su esposa. Demasiadas complicaciones encontrarían ambos de decidir estar juntos, demasiados obstáculos que sortear. Entonces la doncella terminó rechazando la propuesta de una vida entera en el gran palacio como su reina, y prefirió tomar por esposo a un hombre cuya sangre no era azul.
Casi diez primaveras pasaron, hasta que finalmente el príncipe conoció a una hermosa princesa. Era bella, refinada, inteligente, dulce y de apariencia angelical. Y, fundamentalmente, era la compañera perfecta que todos deseaban para él. No era quien él amaba, pero sin duda era la indicada para convertir en su reina.
La desposó un 29 de julio de 1981. La magnifica ceremonia fue todo lo que se podía esperar de una boda real, y mucho más. Se trató del evento social del siglo, y contó con un lujo y sofisticación jamás vistos. Fue observada con atención en toda la comarca, y por miles de personas de otros reinos lejanos.
El mundo entero se encontró fascinado por el enlace del Príncipe Carlos y Lady Diana. Aunque han pasado muchos años, aún se recuerda el esplendor de ese día. Todavía se habla de lo hermosa que la princesa lucía con su impresionante vestido blanco y de lo joven e inocente que era.
La doncella estuvo allí. Sentada en su sitio. Presenciando calladamente el intercambio de anillos y votos matrimoniales que jamás serían respetados.
Para quien desconociera la verdad, el acontecimiento parecía la culminación perfecta de un cuento de hadas mágico. Mas nadie comería perdices. Ante el asombro de muchos, no habría un “Y vivieron felices para siempre” en esta historia.
La princesa de este cuento era devota a su príncipe y a los dos principitos que llegarían para iluminar su vida con orgullo y alegría. Además, ella poseía una dulzura y un aire de intrigante inocencia que resultaría ser una atrayente promesa para la familia real. Pero Diana no estaba hecha para la vida en el gran palacio. Pronto comenzó a notarse que ella no era la princesa callada, tranquila, sin opiniones ni ideas propias que todos en el palacio esperaban, y necesitaban, que fuera.
El príncipe nunca pudo olvidar a su doncella, y la mantuvo a su lado secretamente tanto tiempo como le fue posible. Pero la princesa sabía la verdad. En su corazón siempre la supo. Había tres personas en su matrimonio. Y eso era algo que apenas podía resistir.
Como podía soportar tranquilamente lo que estaba sucediendo y el rol de princesa muda y feliz que le exigían que cumpla? Demasiado se esperaba de ella. Como un pájaro enjaulado, frecuentemente enfermaba de tristeza.
Un buen día, lo que nadie creía posible sucedió. La princesa abandonó el gran palacio para siempre. Lo cual le otorgo una inesperada fuerza interior. En poco tiempo, Diana creció asombrosamente en espíritu, confianza, tenacidad y decisión. Su verdadera personalidad fue así revelada al mismo tiempo que su historia verdadera comenzaba a conocerse.
La ex princesa se convirtió en una luchadora inquebrantable que defendía a los más necesitados. Sus viajes alrededor del mundo, ayudando a pobres y enfermos, fueron legendarios. Se conmovió por personas a quien los nobles siempre ignoraban y lucho incansablemente por causas que nunca recibían la atención de un miembro de la realeza.
Pero había un serio problema cuya magnitud aun no se sospechaba. La ex princesa era constantemente perseguida por cazadores furtivos de imágenes. “Si uno les da lo que buscan, ellos simplemente se irán” era lo que ella solía explicar a sus hijos. Entonces, cuando estaba de humor, ella les permitía a los cazadores capturar solo un poquito de su persona. Incluso los utilizaba a su conveniencia cuando los necesitaba y se entretenía jugando con ellos. Suponía que sus años como princesa la habían entrenado bien para recibir con gracia tanta atención.
Sin embargo había una cosa que ella ignoraba. Una vez que uno busca a eso cazadores de imágenes, no hay vuelta atrás. Siempre quieren un poquito más. El cazador que lograra atrapar en el momento apropiado recibiría más riquezas de lo que alguien pudiera imaginar.
Cuando Diana pareció encontrar el amor y la felicidad en un hombre intrigante, joven y apuesto, los cazadores no lo pudieron resistir. Era un plebeyo, pero definitivamente no era un hombre que pasara desapercibido. Su origen generaba una polémica fascinante. Cuando la nueva pareja se besó en un barco, un cazador pudo capturar ese momento y posteriormente recibió una enorme fortuna por su labor. Los demás cazadores querían desesperadamente imitar la hazaña del colega.
Muchas dudas hay ahora sobre los sentimientos que Diana y Dodi compartían. Existen muchos planteos sobre la profundidad y seriedad de ese romance. Sin embargo, a ellos les llegó el trágico final en la ciudad donde terminan todas las grandes historias de amor. Sucedió en Paris un 31 de agosto de 1997.
La pareja se encontraba en esa bella ciudad, y los cazadores de imágenes se rehusaban a dejarlos tranquilos. Diana y Dodi desesperadamente intentaron escapar del asedio que se tornaba insoportable. Un conductor imprudente, arrogante y alcoholizado era el encargado de transportarlos a un lugar seguro. Se produjo una espectacular persecución, hasta que el vehiculo que transportaba a la princesa se estrello estrepitosamente en un túnel. El fin le llegó a ella minutos después en un hospital cercano.
En cuanto se conoció la noticia, gente de todo el mundo lloró su perdida. Dolientes acongojados acudieron de todos los lugares al palacio para mostrar el dolor que sentían.
Miles y miles de flores, cartas y otros regalos fueron depositados por personas verdaderamente devastadas.
El joven gobernante del reino, recientemente nombrado, tuvo la difícil tarea de contener a un pueblo que sufría. Estoico, mostró la emoción que la gente esperaba ver y condecoró a Diana para siempre con el título de “La Princesa del Pueblo”.
Durante la semana que siguió a la muerte de Diana el pueblo dolido e iracundo seguía clamando por su soberana. La reina finalmente cedió ante el desesperado pedido de su gente. La mujer criada por la tradición fue re-educada por el gran cambio repentino que significo la muerte de la princesa del pueblo.
Dicen que fue la ardua tarea del nuevo gobernante el reconciliar a la gente con una monarquía que tambaleaba. Su correcta actitud durante ese difícil momento le daría popularidad durante casi una década. Hasta que llevo a su pueblo a una guerra ajena y odiada, y entonces tuvo que ceder su lugar privilegiado.
Ambos principitos crecieron para convertirse en buenos hombres que hubieran llenado de orgullo a su madre.
El mayor de ellos sobrepasó ampliamente a su padre en belleza, carisma, dulzura e inteligencia. Es respetado y querido por todo el pueblo. Ni en sus peores días, la gente duda que se convertirá en un rey muy superior al que su padre podrá aspirar a ser.
En cuanto al Príncipe Carlos… bueno, después de tanto drama, finalmente pudo casarse con su doncella. Solo les tomo 30 años.
Hoy se cumplieron 10 años del aniversario de la muerte de Diana. Se celebro un servicio conmemorativo en su honor. Esta fecha estuvo rodeada de mucha controversia y especulaciones. Además, la reina asistió al evento público vestida de violeta. Como ven, mis queridos amigos, hay cosas que jamás cambian.
Lara Cox









En el fondo del cafe hay un retrato de Fontanarrosa que se coloco como homenaje luego de que el talentoso humorista rosarino falleciera victima de la esclerosis multiple. Cuando fuimos allì, la gente aun estaba acongojada por su partida.



