Hay algo que nadie puede negar sobre Hillary Clinton: tiene más vidas que un gato.El año pasado comenzó su campaña presidencial como indiscutida e inevitable vencedora. Pero una dura e inesperada derrota en Iowa parecía haberla bajado de un hondazo. Con suficiente prontitud se recuperó de ese golpe en New Hamspire. Luego vino el Super Martes y la competencia siguió sin un vencedor claro. Todo fue cuesta abajo para Hillary desde ese momento. Una seguidilla de derrotas la pusieron al borde del desastre definitivo. Sin embargo, cuando hace solo unas semanas todos creían que la senadora estaba fuera de combate para siempre… el estado de Ohio acudió a su rescate. El Martes 22 la misma historia se repitió en Penssilvania. “Muchos me han pedido que renuncie. Pero Estados Unidos no se rinde, y se merece una presidenta que tampoco se rinda”, dijo una enérgica y feliz señora Clinton.
La peligrosa montaña rusa en la cual se convirtió la carrera por la nominación presidencial del partido demócrata esta lejos de frenarse.
Todavía quedan algunas elecciones primarias pequeñas (en cuanto al número de delegados que otorgan), pero vitales para darle más fuerza a la candidatura de Hillary o, caso contrario, para consagrar a Obama de forma contundente y definitiva. Pero pase lo que pase en aquellas primarias ninguno de los precandidatos conseguirá el número de delegados necesarios para hacerse con la candidatura. Si ninguno de los dos se retira antes de la convención (en agosto) la tarea de elegir un candidato que represente al partido demócrata en las elecciones generales recaerá en los llamados “superdelegados”.
Los superdelegados son integrantes del partido demócrata cuyo “super-poder” consiste en poder votar por quien quieran, independientemente de que candidato halla ganado en el estado que representan. Cabe recordar que la última vez que los super-delegados demócratas definieron una interna eligieron como candidato a alguien que luego fue incapaz de derrotar al republicano Ronald Reagan durante las generales.
Ahora bien, dadas las circunstancias que rodean esta campaña hay una pregunta flotando en el aire cuya respuesta es vital: Porque Obama no puede vencer a Hillary?

Barack Obama comenzó como un candidato que se dirigía a una derrota segura. Sólo se metió en la competencia para expresar una posición y para que Hillary no la tuviera tan regalada. Pero pronto se convirtió en la gran sorpresa de las elecciones. Ahora aquel candidato que nadie conocía tiene un asombroso nivel de popularidad, apoyo de gente importante, efectivo de sobra y lleva la ventaja numerica. En teoría posee todo lo que podría necesitar para derribar a su rival de una paliza. Y, sin embargo, no llega a destino. Lo que tiene parece no ser suficiente. Porque?
Un periodista llamado Ron Fournier da varias razones de peso por las cuales Obama no ha logrado la victoria.
La primera de ellas es la raza. “Aún hay dudas sobre si un negro puede sobreponerse al pecado original norteamericano y ser elegido presidente”, dice Fournier. La triste realidad es que el racismo sigue vivo y con buena salud en los Estados Unidos. Es altamente improbable que un afro-americano como Obama venza a un hombre blanco y veterano de guerra como John McCain. Y en estas elecciones lo realmente importante es que los demócratas recuperen la casa blanca.
El segundo motivo es que Obama no se ha conectado con la clase trabajadora. Si el senador obtiene la nominación los votantes portadores de armas, los rurales, los católicos y los trabajadores industriales (ahora la base política de Hillary) muy probablemente se inclinaran hacia John McCain.
Otra razón es el temple demostrado por Hillary. A los simpatizantes de la senadora les encanta que haya combatido a los republicanos durante la presidencia de su esposo, cuando se gano el apodo de “reina del hielo”. Algunos encuentran admirable como se enfrentó a la llamada “conspiración de la derecha”. Y muchos demócratas se preguntan si Obama tiene esa fuerza.
Otro motivo es la inexperiencia de Obama. Aunque Hillary nunca estuvo al frente de un gobierno, muchos votantes le dan crédito por su proximidad a ese cargo. Ella estuvo muy expuesta a la vida pública y a las presiones de la política de alto nivel. Mientras que él prácticamente no tiene experiencia. No era muy conocido y dejó la Legislatura de Illinois hace menos de cuatro años. El gaffe que cometió cuando dijo que la clase trabajadora estaba “resentida” demostró esa falta de experiencia política a los votantes.
Además, a medida que pasa el tiempo más detalles del pasado de Obama salen a relucir. Estuvo a la defensiva por los comentarios incendiarios de su es pastor, Jeremiah Wright. Su amigo y recaudador de fondos, Antoin Rezko, enfrenta acusaciones de corrupción. Encima de eso, McCain plantea interrogantes sobre la relación de Obama con el ex activista y extremista de los años 60 William Ayers, que en una entrevista dijo: "No me arrepiento de haber puesto bombas".
Mientras que Obama, como todo candidato, enfrenta pequeños escándalos y cuestionamientos por su pasado, no hay nada que se pueda decir sobre Hillary que no se halla dicho ya cientos de veces. Los votantes la conocen bien y ya saben todo sobre ella: lo bueno, lo malo y lo no-tan-atractivo. De ella ya se ha escrito todo lo que se podía escribir. Eso le da una ventaja no menor a la hora de enfrentar a McCain.
“La gran duda es si los superdelegados comenzarán a preguntarse ahora por qué Obama no ha podido deshacerse de Hillary”, concluye Ron Fournier.
Tendrán en cuenta los superdelegados las debilidades de Obama? Y, lo que es más importante, de resultar nominado podrá él superar esas debilidades o esta historia terminará con otros cuatro años de presidencia republicana?
Lara

