Sucede alrededor de cada 31 de diciembre (días más, días menos). Y es un fenómeno tan inevitable como la “invasión” de turistas y las tormentas de verano en Mar del Plata. Pero ocurre en todo el mundo. Me refiero al viejo y temible balance de fin de año.
Casi al mismo tiempo que levantamos nuestras copas, admiramos los fuegos artificiales y comemos como si no hubiera un mañana, convertimos nuestra vida entera en listas: fracasos, éxitos, cosas que tengo, cosas que me faltan, cosas que ya hice y cosas aun por hacer. Con mayor o menor severidad analizamos los 12 meses que se fueron para no volver y vemos exactamente cuan “productivo” fue el año que despedimos. Y esta reflexión trae aparejada promesas o resoluciones de año nuevo de toda índole: bajar algunos kilitos de más, leer determinado libro, o concretar algún proyecto más importante, (sea profesional o personal).
Este momento de balance puede ser usado para castigarnos a nosotros mismos y golpearnos duramente por lo que no hemos hecho. Sabemos bien que, contrario al dicho popular, año nuevo no es en realidad vida nueva. Tenemos una mochila llena de años nuevos pasados. El tiempo transcurre. Y nos enojamos al ver como lo hemos desperdiciado.
Aunque me parece que hay otra visión mucho más saludable. Podemos usar este balance constructivamente para organizarnos y ver cómo podemos resolver aquellos asuntos pendientes que tengamos colgando por ahí en nuestra vida, al mismo tiempo que admiramos lo lejos que hemos llegado. Esa agenda en blanco que estrenamos es una invitación a “ponernos las pilas” y mover las piedras metafóricas que nos queden en el camino.
Claro, a medida que pasan los “años nuevos” y uno llega a cierta edad, a los proyectos que uno de hecho tiene se le suma la odiosa presión social de los proyectos que uno debería tener o de todo lo que uno ya debería haber hecho de acuerdo con las tías, las madres, las abuelas, vecinas, amistades, etc. (“así que 30, y no estás casada?”, “todavía no te recibiste?”, “Y hace cuanto estás trabajando en lo mismo?” “Y los chicos para cuando?”). Es esa voz destructiva del resto de la gente lo que uno tiene que descartar.
No es que este mal desear de corazón cosas que aun no tenemos y elegir precisamente esta época del año para decidir nuestros próximos pasos en la vida. Está en la naturaleza humana querer más de lo que se tiene. Cuando logramos algo nos tomamos un tiempo para disfrutarlo y nos preguntamos, “Y ahora qué?”. Y eso está bien. Tenemos que tener cierta ambición. Dejar de soñar es morir en vida. Lo malo es cuando permitimos que otras personas dictaminen que es eso que tenemos que lograr y cuando. Si quienes nos apuran son los otros, no vivimos nuestra propia vida a nuestro propio ritmo. Sino que seguimos mandatos ajenos y arbitrarios.
Por tanto, lo que realmente deseo para mí y mis seres queridos es un 2010 lleno de éxitos que traigan satisfacción y felicidad. Que para todos sea “un año productivo”, lo que sea que cada uno entienda como tal.
Bienvenidos!
"Las decisiones son tomadas por quienes se presentan" Con esta simple premisa comenze mi blog en Febrero del 2007 con un simple objetivo en mente: dar mis ideas a conocer y conocer las ideas de otros. Quien quiera hacerse presente en este espacio sera muy bienvenido.
Secciones.....
- Espectaculos (3)
- Festival de Cine de Mar del Plata (4)
- homenajes (3)
- Libros para recomendar (2)
- Mis favoritas (9)
- personal (3)
- polemica (16)
- Politica Argentina (20)
- Politica internacional (19)
- religion (2)
- Requiem (2)
- Variedades (23)
jueves 7 de enero de 2010
Resoluciones de año Nuevo
Etiquetas:
personal
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentarios:
Más allá de la lista de pendientes o de cumplidos, lo que cuenta es afrontar cada día con la mejor actitud posible...así, nada nos dolerá. Ese debe ser nuestro único y mayor propósito.
Quien conozca mi vida superficialmente dirá que soy un fracasado...bueno, en nada me siento así. Puedo sonreír ante la vida y dormir tranquilamente. ¿La presión social? Eso no tiene por qué importar.
Cierto es que se debe de tener ambición...pero ella debe de ser proporcionada y sin traicionar nuestras convicciones más profundas ni, mucho menos, nuestros sueños. Saludos afectuosos, de corazón.
Publicar un comentario en la entrada